miércoles, 5 de octubre de 2011

TODOS FRACASOS


TODOS FRACASOS
Experiencias terapéuticas. Para psicólogos, pacientes e impaciente
Autor: Horacio Serebrinsky
Colección Cuentos

"No soy un amante de la conversación, del tener que decirse cosas por más fuertes que sean. No hay dudas de que es liberador para el humano y que, temo admitirlo, hace crecer las relaciones. Pero al leer cada página que precede a este prólogo, me hace sentir un poco deseoso de ser parte de lo que se cuenta. Y ahí encuentro a alguien que siempre vivió, como dirá el al comienzo, relatando cuentos. Contando y siendo parte de historias. Algunas graciosas, como al llegar a demostrar que Alma y Culo pueden llegar a ser lo mismo y otras un poco más triste como ser de Racing (necesitaba decirlo). Toda frase describe un mundo cálido, en donde el afecto está presente. Incluso el fútbol es mirado desde la pasión, la profesión y la relación con la gente. No sé para quien pensó este libro. Si es para los pacientes, no se preocupe, no da muchos datos como para que lo ubiquen; relájese y no llame a su abogado. Si es para los amigos, creo que se garantizó una gran venta, porque muchos están presentes y sé que se encargo de cosechar muchísimos en su derrotero por la vida. Si el que lo compro o se lo regalaron el libro es psicólogo o algo parecido, se verá representado un muchas historias y hasta coincidirá que el sentido común muchas veces es mejor que lo aprendido en los libros. Hasta incluso una buena patada dada a tiempo. Pero estoy seguro que todos, incluyéndome, encontrarán a un buen tipo, inquieto y curioso que encontró, supongo que con mucho trabajo, ver y vivir involucrándose con sentimientos verdaderos y que en una pequeña parte están volcados en cada relato." Del prólogo de Mario Pergolini

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SUJETO Y LAZO SOCIAL


SUJETO Y LAZO SOCIAL
Del sujeto aislado al sujeto entramado
.
Autor: Carlos A. Baró
Colección Psicoanálisis


"El hombre es una realidad compleja, y su comprensión científica no puede reducirse a una disciplina. Se hace necesaria una mirada integradora. Esta mirada integradora del sujeto y de la construcción de la subjetividad se va estructurando en la medida que rompe con el paradigma positivista por un lado y el modelo racionalista cartesiano por el otro, cambio de paradigma, conmoción del saber que se desplaza de la física hacia las ciencias de la vida y la sociedad. La biología molecular no redujo lo complejo a lo simple (lo biológico a lo físico-químico) sino, por el contrario, recurrió a conceptos desconocidos como información, código, mensaje, jerarquía. La biología propone la autoorganización para comprender cómo el azar produce complejidad. Lo psíquico incluye un nivel de complejidad aun mayor. Este libro se nutre de la metapsicología freudiana y posfreudiana, de la clínica y de ciertas temáticas transdisciplinarias. Solo confrontando el psicoanálisis con estas nuevas formas de pensamiento se evita el reduccionismo. ¿Cómo construir un psicoanálisis contemporáneo abierto a los intercambios con otras disciplinas y al desafío que impone cada coyuntura sociocultural? ¿Cómo producir un pensamiento teórico que, siempre anclado en la clínica, sea capaz de desafiar los dogmatismos y las falsas seguridades de parroquia? ¿De qué manera abordar la complejidad propia del sujeto entendiéndolo como sistema abierto, que oscila entre la redundancia y la imprevisibilidad, entre la repetición y la novedad? Estos interrogantes atraviesan este libro y los sucesivos capítulos son las respuestas que elabora Baró. Hubo una concepción ingenua de la historia. Vino a reemplazarla una concepción desencantada. Para algunos psicoanalistas no existe lo social-histórico, el pensamiento y la praxis lúcida. Nos ocupamos de lo social en tanto el individuo no es sin lo social. La subjetividad está sostenida por lo social que ofrece y escatima un entramado que sirve de soporte al individuo. Una trama social que no valorice a la persona lesiona su pertenencia."

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CRONICA DE ANALISTA


CRONICA DE ANALISTA
Autora: Diana Rona
Colección Psiconálisis

Presentación del libro por Cynthia Eva Szewach. Viñetas del Texto
Realizado en Librería Eterna Cadencia el Viernes 1º de Julio 2011.
En crónica de analista, Diana Rona, efectúa por un lado una crónica, frondosa de su práctica cotidiana y al mismo tiempo muestra un analista que se hace crónica de sí, formando parte de su práctica. Como si portáramos una cámara al hombro, ingresamos por el libro y nos detenemos a través de la fotografía elegida de tapa. Es una puerta de entrada hacia ese sitio íntimo donde, (cito) “ somos testigos privilegiados de un discurso íntimo de trazo plural”. Un espacio, en un instante, fotografiado, suspendido de palabras, como “nicho silencioso”, diría Diana, donde pasa la mayor parte de sus horas, paradójicamente la mayor parte de su vida, del vivir. Se sustrae una voz y nos invita a situarnos antes de ingresar. Allí estamos en un marco, estamos afuera y estamos adentro... o ni afuera ni adentro. La foto debe ser silenciosa, nos dice Kafka y no se trata de discreción sino de música agrega Aunque, para nosotros también se trata de discreción, un nombre de la abstinencia, tal como Diana lo anuncia y lo sostiene a lo largo del libro, dicho como :"Una confidencialidad cuidada, en el amparo de lo poético". Pero ésto lo sostiene no solamente porque el estilo es de sesgo cargado, y como anuncia: "con una proliferación de adjetivos que encubren , desfiguran y disfrazan." Tampoco solamente por la inexistencia desde ya, de datos explícitos, donde como dice: "la renuencia nos protege", ni porque gobierne en un analista el imperativo de voluntades en forma de mandamiento (“ todo lo que escuches aquí lo callarás”); sino porque la transmisión de aquello que allí ocurre, es la transmisión del deseo de “comunicarnos” lo irreductible, aunque no inefable, la marca de un imposible, de una escena perdida como tal. ¿Entonces qué palabras elegir acaso para contar, escribir, hacer llegar a otros lo que hacemos? ¿ quién habla cuando un analista escribe de su práctica?……… Digamos, no es ficción literaria aunque se sirva de ella, no es ensayística aunque se coquetee allí, ni es periodístico ni documental su género…. Es una experiencia del decir que no soslaya la enunciación. Es la práctica la que habla. Como dice el texto “El decir se esgrime en una cadena de dichos” Crónica de analista es un libro audaz, arduo, jugado, dedicado a sus pacientes a los que en ocasiones llama ellos. No es un libro entre otros. Postula una particular forma de relatar. Asume 66 artículos , especie de aguafuertes, a los que podemos ingresar sin un orden establecido, sino desde cualquiera de ellos. Están a su vez ellos atravesados por enlaces invisibles, nítidos a veces o evidentes en otras, que dialogan entre sí políglotamente, como plurilingüe es su autora. Dialogan entre sí en sus diferencias y como siempre con insistencias, repeticiones, donde el sujeto forja su marca, a condición de ya no ser. Es un libro para leer en voz alta cerca de la lectura poética, para leer de a sorbos, a cuentagotas, de a pitadas cortas, masticando lentamente a veces un fárrago de dichos que respiran en los espacios en blanco, entre frases que estallan en la piel o en las pieles. La complejidad , y quizá no se trate de descomplejizar, con la que Diana elige, o se elige en ella, a borbotones, su manera de escribir nos obliga una y otra vez al leer los textos y a preguntarnos ¿de que se trata lo que nos quiere hacer llegar? ¿En qué lengua habla el escrito que dramatiza una escritura ? No es un relato de la práctica hablado, intercambio que hacemos quizá con algunos pocos, con quienes compartimos muy privilegiadamente una comunidad de intereses. La textura es la del escrito. Escrito, en una oralidad que nos cuenta donde y en que espacios y en que climas, (soleado, frío, brumosos cielos), donde se pergeña para escribir, usando una de sus palabras elegidas, pergeñar. A veces está en Valeria, a veces en La Lucila, El cansancio del analista llama a una escritura cerca del río, cerca del mar La escena está nombrada como de "Infortunio solitario". ¿Por qué escribe un analista? A veces para desprenderse, para olvidar, para amortiguar los efectos de su día a día, de sus preocupaciones, para conceptualizar, para ubicar un obstáculo, para inventar... Pero, en este caso en especial, también para instituir el comienzo de un lazo. El libro creo yo, es el eslabón de un diálogo, en un comienzo, Solitario se titula el primer escrito, y Final se titula el último, final de tono azulado, como los tigres azules, indescifrables. “Si debo entrar en la soledad ya estoy solo”, me lee Diana, de Borges en El Desierto , y si hablo del final estoy allí cómo estoy?…….”el corte dibujará un gesto de cierre y nada sustituirá el amparo de esta escritura ... faltará un vacío lleno dice el texto, miles de ideas vagarán una orfandad desalmada…" ¿Pero acaso sabemos allí?.... Diana Rona hace oír al analista en un sillón a veces sin respaldo que no se acuna a sí mismo, que muerde las toxinas del día sin hacer de su labor un oficio de costumbre. No deja de vérselas con su incomodidad y sus fracasos y a veces, cada tanto, descansa. “No hay artilugios para reparar la sensación de fracaso”, escribe. No es furtivo, como un acontecimiento fugaz. Es contundente, golpea, no lo comprendemos, desmemorizamos, a veces duele, a veces perturba, nos entusiasma, lo dejamos, lo tomamos de nuevo, plantea escollos de estilo. Queremos preguntarle cosas….Es, en ese sentido que en este libro, (aunque para Blanchot el escritor, ese insomne diurno, dice en algún lugar, que al escribir renuncia a tomarse de la mano), lo que está en la punta de la lengua en Crónica de analista es que estos escritos de la práctica analítica, vuelvo a repetir, exigen un enlace a un diálogo que comienza; en ese sentido "el infortunio solitario", se ve interrumpido. Hay habitantes y pobladores de sus hojas: Eliot, Borges, Octavio Paz, hay allí también un diálogo a veces secreto a veces susurrado a veces incomprensible entre el epígrafe con su belleza y el texto. Pero otra de sus virtudes es que ni es la cita ni el saber referencial lo que impera. La aproximación psicoanalítica es refractaria al estasis del saber, aunque algunos lo olviden, y nos tengan acostumbrados al recitado de fórmulas y a la fatiga de la jerga. No es este el caso. Así es como Borges epiloga el texto que Diana llama Ciclos “Sotanos provistos de nueve puertas sotanos largos que se bifurcan..." Hoy Festejamos , cantamos su llegada, invitamos a leerlo y al intercambio que inicia. Sabemos el valor y del trabajo minucioso y delicado que ha estado presente en su producción, y de una cocina que sabemos abundante y que sin dudas se desprende indefectiblemente de su quehacer cotidiano: el deseo del analista en el testimonio de las voces de quienes somos sostén. Un analista, dice Diana, "inventa en las palabras un legajo en la escucha, es una búsqueda imprudente. " “Un escritor es un hombre devorado por un tono” ( nos dice Quignard)... La materialidad de crónica de analista no es de teclado frugal, es un cúmulo esperando surgir en un rítmico de tambores y fanfarria estridente que hacen de la lectura una experiencia, experiencia no facilitada, de apretado sentir.

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LA DISCORDANCIA DE LOS SEXOS


LA DISCORDANCIA DE LOS SEXOS.
Perspectivas psicoanalíticas para un debate actual. - Psicolibro ediciones -
S & P ediciones /PSICOLIBRO ediciones

Los diversos movimientos de "liberación sexual" han desembocado en importantes modificaciones jurídicas y políticas de las estructuras de parentesco, de los modelos de filiación y de organización familiar. El deseo femenino y el deseo homosexual han abierto nuevas soluciones al tratamiento social de la discordancia de los sexos. Pero la determinación inconsciente de la sexualidad, deja abierto el interrogante sobre la manera en que cada uno y cada una se las arregla en el plano del amor, del deseo y del goce. La relación entre el psicoanálisis y los estudios feministas, gay –lesbianos o queer, suele girar en torno a un malentendido central: el concepto psicoanalítico de "falo", interpretado generalmente por estos últimos discursos como significante del poder. Este debate florece en el centro mismo del cuestionamiento del sujeto de la modernidad y de la tensión dialéctica entre universalidad y particularidad. Las fórmulas de la sexuación propuestas por J. Lacan introducen un tratamiento original de tal dialéctica. En dicho contexto, este volumen propone un recorrido crítico por los textos de Sigmund Freud y de Jacques Lacan sobre la sexualidad femenina y sobre el tratamiento de lo "masculino" y lo "femenino".

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PSICOANALISIS Y ADOLESCENCIA


PSICOANALISIS Y ADOLESCENCIA
Dos temporalidades que se interpelan

Silvia Flechner (comp) Myrta Casas de Pereda, Silvia Flechner, Marcelo Viñar, Susana García Vázquez, Clara Uriarte, Irenen Maggi, Alvaro Nin, Javier García
Un grupo de analistas uruguayos se reunieron para intercambiar experiencias clínicas y teóricas, realizando un novedoso aporte desde distintas perspectivas sobre la adolescencia y el psicoanálisis. Posturas y marcos teóricos diversos dialogan entre sí en un pluralismo que enriquece las diferencias. Como señala Marilú Pelento en el prólogo, el libro permite: “…trazar un puente entre nuestros países y nuestras ocupaciones y desvelos para recorrer en sus trabajos una problemática especialmente sensible, como la de ese tiempo estructural que llamamos adolescencia. Sensible por todas las dimensiones que implica y en la que nos implica. Por llevarnos a aquel tiempo en el que descubrimos simultáneamente asustados y fascinados la amplitud del mundo que se iba abriendo fuera de nuestra familia y ese pequeño espacio secreto y conflictivo marcado por nuestra propia y tambaleante intimidad. …Nuestra tarea consiste en transformar las actuaciones del adolescente en palabras que le permitan acceder al conflicto y sostener entonces aquellas preguntas propias de la condición humana ¿Quién soy? y ¿Qué deseo?”

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LA INTIMIDAD


LA INTIMIDAD.
Un problema actual del psicoanálisis.
Autores: P.Sibilia, O. Sotolano, M. Rizan, S. Toporosi, R. Espinosa,
M. Koremblit, M. Lewcowicz, A. Granica, E. Müller, Y. Franco.
Colección Colegio de Psicoanalistas

Hasta la introducción del mundo digital en la vida cotidiana, hasta que el formato televisivo del reality-show deviniera un modelo a imitar, la intimidad parecía tener un espacio claro y preciso. Remitía a lo interior, a lo secreto, a lo privado sin que pareciese necesaria ninguna delimitación conceptual entre estos términos. Decir que algo era íntimo, privado o secreto eran todos recursos del lenguaje para aludir a aquello interior que debía quedar oculto a la mirada de los otros. Pero desde la incorporación de la tecnología digital a la vida cotidiana, desde que los jóvenes exhiben los “secretos” de su cuerpo, de sus amores, de sus banalidades en Internet, desde que lo tradicionalmente privado ha devenido público, esos términos exigen precisiones. Este libro asume que para el psicoanálisis esa cuestión implica una obligación y un desafío. En sus páginas, un grupo de psicoanalistas y pensadores de otras disciplinas se abocan a esa tarea, sosteniendo un diálogo transdisciplinario. Así la antropología, el campo jurídico, la literatura dialogan con el psicoanálisis, tanto desde la perspectiva de su clínica como la de su incidencia social, para tratar de delimitar un territorio tan problemático y actual como es el de la intimidad.

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viernes, 19 de noviembre de 2010


PRESENTACION DEL LIBRO
de
ANA BEREZIN

Por
Mariana Wikinski


(…) Este libro se propone centralmente dilucidar los resortes de la crueldad, es cierto. Pero básicamente es un libro que nos habla de una ética frente al otro sufriente, y frente a la alteridad.
Para desplegar su mirada Ana no elige, esto es evidente, un camino fácil. Se decide nada menos que a revisar las condiciones de ejercicio de la crueldad, y además se decide a hacerlo en el menos cómodo de los lugares, que es la escena del mundo que vivimos, puertas afuera del consultorio. No ha debido ser una tarea sencilla.
Es extensísima la paleta de cuestiones que este libro se propone plantear en relación a las marcas que producen en la subjetividad las circunstancias socio-históricas, así como las consecuencias socio-históricas que devienen de determinados modos de constitución subjetiva.
La propuesta teórica de ligar la vivencia de amparo-desamparo con la crueldad, y las consideraciones que Ana hace respecto del concepto arendtiano de banalidad del mal, son ideas solidarias, y al mismo tiempo ponerlas en resonancia mutua incita a una lectura crítica y poco condescendiente de la historia, de los protagonistas, del lugar que los hombres tenemos en nuestro devenir, de la idea de libertad.
En un fragmento del libro Vida y destino, de Vasili Grossman, un grupo de hombres cautivos en un campo de concentración, discute entre sí. Ikónnnikov-Morzh, un hombre extraño, de edad indeterminada, con la extraordinaria resistencia “que sólo poseen los locos y los idiotas” (nos dice Grossman), conversando con sus compañeros de barraca acerca de los trabajos forzados para la construcción del campo de exterminio, dice de pronto: “…yo no quiero la absolución de mis pecados. No digas que son culpables los que te obligan, que tú eres un esclavo, y que no eres culpable porque no eres libre. ¡Yo soy libre! Soy yo el que está construyendo un Campo de exterminio, yo el que responde ante la gente que morirá en las cámaras de gas. Yo puedo decir ‘¡No!’ ¿qué poder puede prohibírmelo si encuentro dentro de mí la fuerza para no tener miedo a la muerte?” .
Ikonnikov, un hombre extraño, de edad indeterminada, con una particularísima resistencia al frío y a las enfermedades, nos cuenta Grossman. Justamente él, que parece no tener cuerpo, es, entre todos, quien se atreve a pensar que le podría caber “la facultad de negar su consentimiento”, como lo plantea Primo Levi, no casualmente citado por Ana. Hay circunstancias extremas en las que sólo no temiéndole a la muerte, se puede ser libre. Poder elegir no ejercer crueldad sobre otros, desde el lugar de la víctima (lo subrayo), es algo a lo que sólo puede accederse si no le tememos a la muerte, si no tenemos cuerpo. El cuerpo es también el primer lugar en el que las marcas del desamparo dejan sus huellas.
Este párrafo del libro de Grossman contiene en pocas, poquísimas palabras, la torturante encrucijada ética que el libro de Ana se propone desentrañar, encrucijada ante la cual Ana ofrece una mirada tan piadosa hacia los recursos a los que un ser humano recurre para protegerse del sufrimiento o de la muerte, como implacable hacia al ejercicio complaciente de crueldad sobre el otro.
Encrucijada profundamente dilemática y dolorosa, que una vez planteada ya no admitirá jamás respuestas sencillas.
Definir –como lo hace Ana - el ejercicio de la crueldad sobre el otro como un modo de violencia organizada para hacer padecer a otros sin conmoverse, con la complacencia de no conmoverse, es ya un punto de partida para la necesaria divisoria de aguas que angustiosamente le demandamos a este libro cuando al empezar a leerlo, nos desnuda en nuestras emociones más básicas: todos podemos ser crueles.
“Hacer padecer”, decíamos… uno lee esa frase y esperaría sintácticamente un complemento directo: hacer padecer hambre, hacer padecer frío, hacer padecer angustia, hacer padecer dolor….Pero la frase se detiene ahí: hacer padecer. “Padecer” casi deja de ser verbo y se convierte en sustantivo. Hacer padecer. (…)
El texto nos conduce a través de una incomodísima alternancia de argumentos, que no son otra cosa que el modo laborioso en el que Ana intenta cercar y ordenar la enorme complejidad del tema que se pone en juego. Al poco tiempo de leer el libro, confirmamos lo que se sospecha desde el título: ninguna pregunta que concierna a una ética admitirá respuestas simples y lineales. No habrá más remedio que adentrarse en el nudo contradictorio e inquietante de la subjetividad de los hombres, de las vicisitudes de la historia, de las múltiples lecturas que el universo de las emociones humanas abre. Ese nudo en el que la oscuridad en los ojos es elocuente.
Todos somos potencialmente crueles, decíamos. Quienes ejercen crueldad sobre el otro no son monstruos, no son perversos, no son psicópatas, no son psicóticos. Pero entonces….¿me garantizará Ana que yo no hubiera podido de ninguna manera, nunca jamás ser el torturador cuya figura me horroriza? No, no me ofrece ese consuelo.
Sólo nos ofrece una coartada: esta condición potencial del ser humano se efectiviza en determinadas condiciones micro y macro históricas, aclara.
Milgram lo ha demostrado de múltiples maneras. El límite entre la capacidad de conmoverse frente al sufrimiento, la compasión, la piedad por el otro, es singular, e incluso varía de una circunstancia a otra en el mismo individuo. Pero siempre existirá un punto en el cual es borroso. Es la inquietante zona gris de la que nos habló Primo Levi. La insoportable ambigüedad moral a la que las circunstancias extremas nos exponen.

En esta aproximación hace falta mucha claridad para establecer una divisoria de aguas, y Ana la establece nítidamente. El límite borroso del victimario no puede ser equiparado al límite borroso de la víctima. Primera encrucijada que Ana nos plantea: nos deja solos allí, durante un rato. Y luego va a buscarnos adonde nos dejó para exponer desde allí su rigurosa crítica a Hanna Arendt y el concepto de banalidad del mal. Todos somos potencialmente crueles, pero no nos confundamos: sólo algunos en determinadas condiciones ejercen sin conmoverse de ese modo poder sobre el otro. “Yo no creo en el Bien, creo en la bondad”, nos dice Ikonnikov en el libro de Grossman. No se trata del Bien, ni del Mal con mayúscula, como conceptos supremos. Se trata, y seguramente la experiencia clínica le ha permitido a Ana pensarlo, de la bondad o la maldad. Es un partido que se juega en la Tierra, ahí sí con mayúsculas, o si queremos decirlo en minúsculas, es un partido que se juega en el barro.
Mencionar esa “facultad para negar nuestro consentimiento”, o la posibilidad que quien no le teme a la muerte posee para decir que no, no la conduce a Ana a la deriva simple de una evaluación moral de las víctimas: todo lo contario. Sólo tiene sentido pensar en la posibilidad de negar nuestro consentimiento, si desde allí podemos rescatar -en el corazón mismo del padecimiento que la crueldad del otro produce en nosotros-, un margen de libertad. No hace falta aclarar que tener la facultad de negar el consentimiento , pagando con ello el precio de la propia vida, rompe de un plumazo con cualquier idea –ingenua o perversamente malintencionada- que pretenda equiparar víctimas y victimarios.(…)
No sólo todos somos potencialmente crueles. Ana se sumerge un poco más, y liga la crueldad dirigida al otro humano, a la vivencia de desamparo de quien la ejerce. Terreno riesgosísimo, porque una vez asomados a ese abismo, deberá tomarnos nuevamente de la mano y conducirnos a otro lugar: explicar no es justificar.
(…)
Ana había escrito en 1998 la versión original de este libro. Dos años antes de que Derrida en el contexto de los Estados Generales del Psicoanálisis, convocara a nuestra disciplina a producir con urgencia un discurso posible acerca de la crueldad.
Resistencia del mundo al psicoanálisis, pero también resistencia del psicoanálisis a las cosas del mundo, mientras se desentienda de nociones tales como crueldad, soberanía, o el mal, dice Derrida.

Ana cumple con creces y sin coartada con el “llamado” (al modo de Levinas) derridiando, y lo anticipa. Podemos decir que en sus manos, el psicoanálisis recorre una senda indispensable.